miércoles, 1 de abril de 2015

Amamos Bankok!

Cuando armamos el viaje no pudimos resistir la idea de volver a venir acá, y fue la mejor decisión que tomamos. No es casualidad que en los dos viajes a Asia, haya sido el lugar elegido para reencontrarnos con Tomy. 


Nos alojamos en la zona antigua de la ciudad, cerca de Khao Sarn Road. Esta calle, un ghetto de mochileros hace 20 años, se convirtió en un lugar donde coinciden decenas de bares con musica electronica a todo volumen tapandose unos con otros, puestos de masaje con 20 camillas en la calle llenas de alemanes sudados y masajistas tailandesas odiandolos, puestos de ropa, vendedores ambulantes de comida, satamontes, alacranes, cucarachas y cualquier tipo de insectos y hasta indues que te persiguen 50 mts para que te hagas un saco a medida. Para mi gusto (cuarenton?), es un caos. Esta lindo el circo romano para una vueltita al dia pero ya no para ser parte.

Efectos del jetlag: Sasha dormido a caballito agarrado de la baaaaarba de Toto!



Nos quedamos a dos cuadras de ahi en una calle lateral a un templo budista en la que se armo una movida "chill out": barcitos con onda, musica relajada y mucha menos gente en la calle.

Nuestra principal actividad es comer. Nos gusta la comida thai, y mas nos gusta saber donde ir y gastar tan poco: teniamos para todas las noches un puestito callejero que nos habia gustado del viaje pasado donde comíamos maravillosamente bien y nunca superamos los 10 dolares para todos incluyendo agua y cerveza grandes.


Otro de los atractivos de Bangkok es hacer shopping: nos masacramos por unas 5 horas en Chatuchak, un mercado de fin de semana de los mas grandes de Asia y visitamos un par de shoppings de tecnologia para comprar tableta, celular y accesorios para las camaras.

Finalmente, nuestra actividad turistica, aunque tal vez demasiado, fue ir a visitar un mercado flotante en las afueras de Bangkok. Es una zona llena de canales donde las mujeres manejan unos botes largos que llenan con las verduras y frutas que producen y los venden desde los botes. A veces da la sensación de llegar tarde a algunos lugares: debe haber sido hace unas decadas un lugar alucinante, convertido ahora en una trampa para turistas.






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