domingo, 18 de mayo de 2014

Masacre culinaria

Los últimos días fueron una total masacre culinaria.
La comida en las islas de Tailandia es rica, pero después de 15 días ya se nos estaba empezando a repetir un poco. 
Desde Koh Lipe viajamos a Hat Yai, una ciudad grande en la que decidimos hacer noche solo porque leímos que había buena comida callejera. No nos equivocamos: encontramos al lado de un McDonalds (al que por supuesto no entramos) un montón de puestitos que vendían comida China, y ningún plato pasaba de los 15 pesos.

Desde ahí cruzamos la frontera y entramos a Malasia, para ir a Penang. Esta es una ciudad dentro de una isla que fue colonia británica y que tiene grandes comunidades china e hindú. Ni bien dejamos los bolsos en el hotel, salimos disparados al Little India, algo así como el barrio chino de Belgrano, pero con los aromas a curry, incienso y la música India a full. Son tres manzanas que te hacen sentir en India, aunque con la tranquilidad de saber que estás en Malasia.
Nos sentamos a comer en el primer restaurant que vimos, éramos los únicos occidentales. Nos miraban como bichos raros. Los indues son muy amables y muy curiosos, no paran de mirarte. Cuando te hablan hacen un movimiento muy simpático con la cabeza, con el que demuestran que están a gusto con vos. Tomi pidió Thali: en una hoja enorme de banana te sirven una montaña de arroz y encima todo tipo de curries y salsas. Se come con la mano (la derecha, la izquierda en India es la mano prohibida, se usa para limpiarse el culo), Armando bolitas de arroz y curry y llevándolo directo a la boca. Si se te acaba, te vuelven a llenar de arroz y salsas, todo por 12 pesitos. No saben la emoción de ese chico, cuando término de comer respiro profundo y dijo: -¿Y no nos podemos quedar a vivir acá?
Nos quedamos dos días y después estuvimos dos días más en Kuala Lumpur. Estamos ahora volando a Lombok, en Indonesia donde vamos a descansar en la playa de tanta comida y tanto shopping. Fueron 5 días comiendo como chanchos y pateando a morir buscando baratijas, pero esa es otra historia.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario