La comida en las islas de Tailandia es rica, pero después de 15 días ya se nos estaba empezando a repetir un poco.
Desde Koh Lipe viajamos a Hat Yai, una ciudad grande en la que decidimos hacer noche solo porque leímos que había buena comida callejera. No nos equivocamos: encontramos al lado de un McDonalds (al que por supuesto no entramos) un montón de puestitos que vendían comida China, y ningún plato pasaba de los 15 pesos.
Desde ahí cruzamos la frontera y entramos a Malasia, para ir a Penang. Esta es una ciudad dentro de una isla que fue colonia británica y que tiene grandes comunidades china e hindú. Ni bien dejamos los bolsos en el hotel, salimos disparados al Little India, algo así como el barrio chino de Belgrano, pero con los aromas a curry, incienso y la música India a full. Son tres manzanas que te hacen sentir en India, aunque con la tranquilidad de saber que estás en Malasia.
Nos sentamos a comer en el primer restaurant que vimos, éramos los únicos occidentales. Nos miraban como bichos raros. Los indues son muy amables y muy curiosos, no paran de mirarte. Cuando te hablan hacen un movimiento muy simpático con la cabeza, con el que demuestran que están a gusto con vos. Tomi pidió Thali: en una hoja enorme de banana te sirven una montaña de arroz y encima todo tipo de curries y salsas. Se come con la mano (la derecha, la izquierda en India es la mano prohibida, se usa para limpiarse el culo), Armando bolitas de arroz y curry y llevándolo directo a la boca. Si se te acaba, te vuelven a llenar de arroz y salsas, todo por 12 pesitos. No saben la emoción de ese chico, cuando término de comer respiro profundo y dijo: -¿Y no nos podemos quedar a vivir acá?
Nos quedamos dos días y después estuvimos dos días más en Kuala Lumpur. Estamos ahora volando a Lombok, en Indonesia donde vamos a descansar en la playa de tanta comida y tanto shopping. Fueron 5 días comiendo como chanchos y pateando a morir buscando baratijas, pero esa es otra historia.




No hay comentarios.:
Publicar un comentario