Huele maravillosamente y apesta, sólo moviéndote un par de metros. Vas caminando y sintiendo el aroma de las especies y los curries, de los cientos de flores que adornan las calles que se funden con el hedor apestoso que sale de las alcantarillas, de la basura tirada por todos lados y de los pescados puestos a secar al sol. Los lugares que vemos son hermosos, pero no mires la trastienda.
Los tailandeses son amables y son antipáticos, todo el tiempo, y al mismo tiempo. Un empleado muy amable puede dedicarte su peor cara de otro si te vas sin comprar, sin ningún miramiento. Ni siquiera te saludan. Cada vez que necesito regatear o discutir algo con alguien, me lo cargo a Sasha que hasta ahora es lo único que los ablanda.
Vine con la idea de no pelearla, de tratar de dejarla ser. No es fácil. Juro que lo intento.
Pato

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