Cada vez que tenemos que volar, como en cada decisión trascendental, se nos vuelve a llenar el culo de preguntas y de malos pensamientos. El avión se puede caer, el barco de puede hundir, el tren puede descarrilar. Es una posibilidad mínima, lo sabemos, pero la chance está. Los mismos miedos teníamos antes de viajar con los chicos: se pueden enfermar, nos los pueden robar, podemos perderlos en un mercado. La sensación de que la vida puede cambiar dramáticamente en un segundo es lo que motiva todos estos miedos. Tal vez sean las películas, tal vez los noticieros o tal vez saber que a alguien le paso algo parecido. Peor es ahora con Toto, porque con los chiquitos estamos nosotros al lado, con el no. Está bien que esta grande y esta contento con lo que hace, pero igual nos cuesta. Sabemos que es un poco egoísta el sentimiento pero es lo que sentimos.
Cada vez que llegamos a destino, que un viaje sale bueno, que los chicos disfrutan, que Toto nos cuenta sus aventuras, se nos llena la vida de buenas sensaciones.
Pero es fácil hablar con el diario del lunes: la decisión difícil se toma a priori. Y no es el resultado feliz o adverso lo que debiera juzgar esa decisión. Lo que motiva esa decisión son las ganas de vivir, de aprender, de disfrutar, de tratar de hacer que nuestra vida, que cada vez me parece más corta, sea al menos lo más ancha posible.
Quiero agradecer por este medio, y de la forma más formal posible, a Ari, a Toto, a Uma y a Sasha, por regalarme el viaje más feliz de mi vida.
Pato
Y si, esos pensamientos pasan constantemente en la cabeza cuando se trata de nuestros hijos, aunque tengan 1 año, 20 o 40. Asi es la vida porque ellos son nuestra vida.
ResponderBorrarPero como todo viene bien y asi seguira, sigan disfrutando del viaje
Besos
Jorge y Lili